Pío… ¡plof!

Morirse debe ser muy parecido a esto… Uno siente como las fuerzas se le escapan por los poros de la piel. Si no sabes qué es una “pájara”, imagínate que eres como un globo y las fuerzas que tienes son el aire que lo infla. En pleno esfuerzo, vas soltando aire, lo que te permite progresar.

Pero llega un momento en el que te sientes completamente vacío de aire. No. Peor aun: es como si te hubieran dado la vuelta y el interior del globo se he hubiera quedado hacia fuera. Llegas a creer que no vas a volver a moverte con normalidad de nuevo, que “el tío del mazo” te ha exprimido las energías para siempre.

Quienes hemos practicado un deporte de resistencia temblamos ante la mera mención de la pájara o, como dirían los ingleses la posibilidad de “chocar contra el muro”. Pero, ¿qué es y por qué sucede esto? Vamos a definir esta situación haciendo uso de la enciclopedia virtual Wikipedia:

Agotamiento de todas las reservas

“Una pájara es una situación en que el rendimiento físico se deteriora bruscamente a causa del agotamiento de las reservas de glucógeno del hígado y los músculos. Se da en deportes de resistencia como el atletismo y el ciclismo. Los casos de fatiga moderada se pueden contrarrestar mediante un pequeño descanso o la toma de bebidas o complementos con alto índice glucémico, como dextrosa, maltodextrina o miel.”

Lo cierto es que la frialdad (más o menos) académica de Wikipedia no alcanza a expresar el mazazo que uno siente cuando le sobreviene una pájara y, en todo caso, el reponer azúcares ayuda, sí, pero no supone una solución inmediata, al menos no al cien por cien.

Prevenir los bajones

Ciertamente, no le deseo tales sensaciones a nadie, de modo que aquí va una receta para prevenirlas y que, por cierto, me servirá de recordatorio por si este verano me decido a salir a hacerme unos cuantos kilómetros:

La preparación para un esfuerzo intenso ha de comenzar dos o tres días antes, aumentando la cantidad de carbohidratos que ingiramos, que nos permitirán optimizar el nivel de glucógeno el día clave. Si el ejercicio es prolongado, consumiremos durante su transcurso bebidas y comidas ricas en carbohidratos.

Finalmente, ante las primeras sensaciones de peligro, reduciremos la intensidad del ejercicio por debajo de las 130 pulsaciones, de modo que se active la ruta de oxidación de los ácidos grasos y se reduzca el agotamiento de las reservas de glucógeno.

Si, con todo, nos sobreviene la pájara, paremos, repongamos azúcares y dejemos el esfuerzo para otro día.