Deportes de Aventura relacionados con: deporte

Mirando a la cima

Deberían dolerme todos los músculos del cuerpo. Deberían estar ardiéndome los pulmones. Debería sentirme morir… Y sin embargo me siento vivo. Estoy a casi nueve kilómetros en vertical sobre el nivel de mar. En este momento, ningún ser humano que tenga los pies en el suelo pisa más alto que yo.

Han valido la pena estos años de deseo, de entrenamiento, los tres intentos frustrados, el haber sentido las manos de la muerte apretándome la garganta otras tantas veces. Ha valido la pena casi todo.

He visto lo que pocos seres humanos han visto y algunas cosas que nadie debería ver jamás, como los cuerpos sin vida de aquéllos a los que el Everest les niega la gloria, o el derecho de regresar. Se quedan aquí arriba, donde no hay bacterias que los descompongan. Alguno, a muy pocos metros de la cumbre.

Una amante cruel

¿Qué pensaría ese pobre tipo que quiso llegar hasta aquí sin la ayuda de las bombonas de oxígeno y cayó, exhausto y derrotado, apenas a cien pasos de donde yo estoy ahora mismo? La montaña, madre, amorosa catapulta a la gloria para unos y venenosa mamba negra que se revuelve, letal, contra quien la molesta para otros, ¿qué pensaría?

Porque estoy seguro de que este monte, esta fortaleza caprichosa, piensa y siente. Es sólo que no sabemos entender lo que nos dice ¿Sonríe, benévolo, ante unos y se alza infranqueable ante otros? ¿Tal vez reparte gloria y muerte al azar y, como un toro, trae dinero y fama en su lomo pero sólo para quien sepa evitar sus astas?

Mirando al cielo

Vuelvo mis ojos a ese cuerpo conservado en un ambiente más frío y aséptico que el más cuidado de los laboratorios. Mira hacia aquí, con los ojos cerrados por unos dedos piadosos que los sostuvieron hasta que los treinta grados bajo cero helaron y soldaron los párpados.

Kathmandu , Nepal,Himalayas,Everest

Mira hacia aquí, no hay duda. Murió sabiendo que no alcanzaría la meta. Que todos sus esfuerzos, el frío, los terribles dolores, la laxitud muscular y otras privaciones que en aras de la dignidad de lo que antes fue una persona me guardo, pues yo sé lo que es olerte y no soportar tu propio olor, murió, digo, sabiendo que todo fue en vano.

Despacio, pues a estas altitudes no puede uno moverse de otra forma, abandono la cumbre. Sé que la subida da la gloria, pero que el mayor peligro se encuentra en la bajada. Paso al lado del cuerpo, me agacho junto a él y le palmeo el hombro.

Lento regreso a la vida

El viento arrastra de acá para allá envoltorios de basura de todo tipo y pienso por qué la montaña dejó pasar a domingueros de las alturas, permitiendo que volvieran para que el mundo siga siendo así de insulso, mientras a quien la retó cara a cara lo hizo morir cuando ya tenía la cumbre a una distancia poco mayor que cruzar una avenida.

Continúo bajando.

Buceo. Fotografía subamarina

Definamos antes que nada el buceo: de nuevo recurriremos a la siempre útil, con cuantas reservas queramos, Wikipedia: “El buceo es el acto por medio del cual el ser humano se sumerge en cuerpos de agua, ya sea el mar, un lago, un río, una cantera inundada o una piscina, con el fin de desarrollar una actividad profesional, recreativa, de investigación científica o militar con o sin ayuda de equipos especiales.”

Bien. Traducido y simplificado: sumergirnos en el agua, con sin asistencia técnica por el motivo que sea. Una definición un tanto amplia, ¿no? Vamos a contar un poco la modalidad y el fin de la inmersión: en este caso, la idea es llevarnos las más bellas fotografías en nuestra cámara.

Buceo. Fotografía submarinau

Bajaremos, además, apoyados por un equipo, lo que se conoce por Scuba. EL término es acrónimo, en inglés de self-contained underwater breathing apparatus (aparato de respiración subacuática auto-contenido). Las siglas dejan claro qué es. En todo caso, y por si aún nos quedan dudas, por abreviar diremos “bombona, boquilla y gafas”. Otro día abundaremos en el equipo necesario. Obviamente, nos llevaremos una cámara específica para esta actividad o, en todo caso, adaptada a ella.

Mares, lagos y cuevas

Vamos a hablar de tres lugares donde las fotos son de tal belleza que, salvo que nos neguemos a verlas, podemos acabar llorando de emoción (o, al menos, sonriendo ante el recuerdo que nos hemos llevado).

Empezamos practicando submarinismo, o buceo en el mar. Disponemos de, más o menos una hora de aire comprimido para bajar, fotografiar arrecifes, corales, peces y paisajes inimaginados y subir. O para ver cómo el ser humano está destrozando el planeta, empezando por el fondo marino, según dónde nos sumerjamos.

El buceo no es sólo para el mar

Otra modalidad no muy distinta es la del buceo de altura. En este caso, los paisajes que descubriremos son los de los lagos de montaña. Es sorprendente lo diferentes y parecidos a la vez que pueden llegar a ser mares y lagos. Quien los ha comparado puede dar fe de ello.

Y, como hemos hablado de tres lugares donde sumergirse, nos queda el espeleobuceo, esto es: el que se practica en cuevas y galerías inundadas de minas. Es envidiable llegar a algún lugar que muchos otros no saben siquiera que existe bajo sus pies, con el valor añadido de que los huecos de aire nos proporcionan puntos de contemplación muy curiosos. Eso si: mucho cuidado con la reserva de las bombonas y la posibilidad de perderse.

El sentir de un pájaro

Sentir en algún momento la necesidad de volar, de tener alas para escaparte lejos o simplemente experimentar la sensación de estar por encima de las nubes. Sentir que todo lo que tienes alrededor no es nada, pensar que eres un pájaro y que puedes volar muy alto, el que todo bajo tus pies es invisible para ti y sólo existes tú.

Pensar que sólo tú eres importante y que no existe ningún problema a tu alrededor. Hablar de sentimientos cuando todo lo que te rodea es material. Alguna vez nos hemos querido sentir libres con la necesidad de volar… y cuanto más alto, mejor.

Ahora es más fácil que pensar en todo eso.

El Wingsuits es un traje que con el paso del tiempo se ha ido modificando desde 1930 hasta el día de hoy.  Un traje muy especial que nos permite no sólo volar sino aumentar considerablemente nuestra ascensión variando únicamente nuestro eje.

Para ello, lamentablemente  han tenido que morir desde aquel entonces muchos pioneros que poco a poco han ido limando en cada uno de los aspectos la seguridad del traje para que muchos podamos realizar el sueño de volar.

De locura a deporte

El primer traje fiable se fabricó en 1997 y lo presentó el paracaidista Patrick de Gayardon. Un año después y cuando todo parecía haber ido estupendamente, probando un nuevo modelo que al parecer tenía un defecto en el diseño, falleció.

Tras muchos intentos, otro hombre llamado Begic crearía la primera empresa que fabricaría trajes de Wingsuits bajo el nombre de Birdman Inc, consiguiendo así una modalidad de deporte extremo. 

Salida, vuelo y aterrizaje

La caída puede realizarse desde un avión, un acantilado o una montaña, pero necesariamente se tendrá que disponerse de un paracaídas al final el descenso.

Esta caída está formada básicamente por 3 aspectos:

– La salida.

– El vuelo.

– El aterrizaje.

En este deporte, y con la necesidad de este traje, podremos variar fácilmente la velocidad de bajada, la orientación e incluso la línea de trazada. Con ello, conseguir ser Supermán por un día o volar como si de un ave se tratase es posible. Sólo falta disponer de un traje de estos, tener algo de dinerito para que te instruyan desde alguna de las varias compañías que se dedican a la enseñanza de este tipo de vuelo y a ¡volaaar muy alto!

Espero que os haya gustado este post y quién sabe si algún día, nos veremos por las alturas.

Un puente de aventura

¡Uf! ¡Uf! ¡Vaya carrera! ¿Llegamos a tiempo para ofrecerte algunas ideas para el puente de Diciembre? O al menos para hacerte cambiar un par de planes, esperamos… Entre las muchas posibilidades que se nos ofrecen a partir de 6 de Diciembre están los deportes de aventura: Naturaleza y acción, de la mano.

Es un error bastante común asociar deporte a aventura a sol y buen tiempo. Y aquí van unas cuantas pruebas:

Un puente de aventura

Comenzamos hablando del mushing, una forma de desplazarse más antigua que la memoria que ha acabado por convertirse en un deporte. Y gracias a este deporte conectaremos con la Naturaleza y lo haremos de una forma apasionante. Posiblemente más si terminamos la jornada en un tipi (una tienda de campaña como la que usaban los indios norteamericanos).

Cantidad, variedad y diversión asegurada

Concretamente, estamos pensando en la estación de esquí de Vallnord, donde un musher profesional guiaría el trineo durante una media hora por determinadas zonas del paraje y nos ofrecerá una cena en un tipi si nuestro grupo es pequeño o en un restaurante si es grande.

Otra buena idea es la de practicar zorbing. Básicamente, nos introducimos dentro de una bola grande (unos dos metros de diámetro), en la que caben dos personas y jugar con la nieve de la ladera y la fuerza de la gravedad.

Seguridad, para divertirnos

Quienes practican el zorbing van sujetos con un arnés, de modo que el peligro se reduce a cero. Este deporte presenta diferentes modalidades y dificultades, incluso una que podría asociarse al buen tiempo y que consiste en rodar por el agua.

Más ideas, también con la nieve en mente: excursiones caminando sobre raquetas, paseos en moto de nieve. Cómo no: el esquí en cualquiera de sus modalidades es un deporte que se adapta a cualquier edad o condición física: es posible que no estemos como para hacer un slalom gigante, pero tal vez sí unos kilómetros de travesía a un ritmo tranquilo.

¿Te apetece un cambio de planes?

Tras haber echado un vistazo a estas ideas es posible que, si no tenías plan, lo tengas ya; y si lo tenías, puede que cambies de opinión. Pero, por si acaso aún dudas de si disfrutar o no del puente, ahí van algunas ideas entre fresquitas y frías: buceo bajo el hielo, fabricación de iglús, escala en hielo…

Anda: búscate  una compañía que te ofrezca alojamiento y pack de aventura y disfruta del puente de la Constitución como no pensabas hacerlo ¿De verdad pensabas que el deporte de aventura es sólo para disfrutar bajo el sol?

Pasear en globo, un soplo de aire fresco

Desde el principio de los tiempos volar ha sido una de las aspiraciones del ser humano. Todos conocemos historias de la mitología y de los cuentos en las que semidioses o simples humanos surcan los cielos.

Todas las culturas de la historia han encontrado la manera de volar gracias a aparatos mágicos, seres alados, inventos maravillosos… demostrando que el deseo de volar es universal y trasciende todos los espectros culturales y temporales.

Desde hacernos unas alas con plumas pegadas con cera, como Ícaro, hasta montar en un caballo alado, como Pegaso, en una alfombra voladora, como Aladino, o en escobas, como cualquier bruja que se precie, hemos intentando descubrir cómo alzar los pies del suelo y surcar los aires.

La necesidad de volar

Uno de los primeros en diseñar un aparato volador fue, como ya sabemos, Leonardo, pero no fue hasta 1782 cuando a los hermanos Montgolfier se les ocurrió la idea del globo aerostático.

La idea de que el aire caliente es más liviano se les ocurrió observando el humo de una hoguera y fue entonces cuando la posibilidad de elevarse en un globo de aire caliente empezó a tomar forma.

La primera demostración

El 4 de junio de 1783 los hermanos hicieron una demostración en un mercado francés con un globo aerostático de 10 metros de diámetro. Lo situaron encima de un pequeño fuego y el aire caliente lo elevó.

En septiembre lo repitieron en Versalles ante la corte con una tripulación formada por un gallo, un pato y una oveja. Luis XVI, María Antonieta y toda la gente congregada quedaron anonadados. Pero fue el 21 de noviembre de 1783, cuando Jean-François Pilâtre de Rozier, ayudante de los Montgolfier, tripuló el primer vuelo libre en globo.

Por fin el hombre había conquistado el cielo…

19 días, 21 horas y 55 minutos tardó el Breitling Orbiter III en dar la primera vuelta el mundo, el 21 de marzo de 1999. Este globo aerostático iba tripulado por Brian Jones y Bertrand Piccard y culminó su viaje sin escalas.

Desde entonces hasta ahora el vuelo en globo ha variado poco. Se han modernizados los materiales, usando materiales más ligeros y mejores combustibles, pero la esencia es la misma: una barquilla, una fuente de calor y un globo lleno de aire caliente.

Gran variedad de ofertas

La industria de los viajes en globo ha resurgido en la última década con el auge de los deportes de aventuras, y ahora podemos encontrar numerosas ofertas, desde exibiciones en las que únicamente ascenderemos en vertical manteniendo unida la barquilla al suelo mediante sujecciones con cuerdas, hasta grandes viajes en globo atravesando paisajes impresionantes.

Podemos hacer turismo desde el aire, planeando por encima de las ciudades mientras el guía nos va indicando los monumentos que divisamos en nuestro paseo, realizar rutas de varios días pernoctando en tierra, o regalar un paseo romántico en globo a nuestra pareja.

Landsailing

Empecemos por saber el segundo nombre de esta actividad deportiva: sand (o land) yachting. Ahora, traduzcamos los anglicismos: el que corresponde al título del artículo es algo así como navegación a vela en tierra; los otros dos se traducen, más o menos, como navegar en yate por la arena (o por tierra).

Con lo dicho, parece quedar definida la naturaleza de este divertidísimo deporte, aunque vamos a concreta un poco más en qué consiste: el landsailing es la acción de moverse en tierra sobre un vehículo con ruedas impulsado por el viento, a través de uso de una vela.

Landsailing

Históricamente, el landsailing se ha usado como medio de transporte o de diversión. El paso del tiempo lo ha hecho evolucionar, sobre todo a partir de la década de los cincuenta, hacia convertirse en un deporte de carreras.

El vehículo en sí

Los “yates de tierra”, traducción de uno de sus nombres en inglés, sand yacht, tienen, habitualmente tres ruedas y funcionan, básicamente como barcas de vela, sólo que se manejan sentado o tumbados a través de pedales o palancas.

El sitio ideal para este deporte son zonas planas y con mucho viento, de modo que muchas de las carreras se llevan a cabo en la playa, explanadas de viento o lechos de lagos secos en regiones desérticas.

Los “marineros de tierra” (de acuerdo: “pilotos”) pueden llegar a alcanzar una velocidad tres veces superior a la del viento. De hecho, se considera más beneficiosa una ráfaga para estas máquinas que un role favorable del viento.

Volando en las alas del viento

Si, al igual que la inmensa mayoría de los lectores, te estás preguntando qué velocidad alcanzan estos vehículos, te diremos que los dos últimos intentos de batir e record de velocidad con éxito han alcanzado cuotas espectaculares:

El 20 de Marzo de 1999, en norteamericano Bob Schumacher alcanzaba los 187 kilómetros por hora a bordo de su iron Duck en Ivanpah Dry Lake, cerca de Primm, en Nevada, Estados Unidos. Un récord que permanecería vigente durante diez años.

Vértigo a ras de suelo

Fue también en el mismo lago de Nevada donde, el 26 de Marzo de 2009 cuando el ingeniero británico Richard Jenkins volaba en las alas del viento a ras de tierra para alcanzar los 202,9 kilómetros por hora. En este caso, el viento fluctuaba entre los 48 y los 80 kilómetros por hora.

Son muchos los practicantes de este deporte, sobre todo en zonas ventosas, y comienza a ser sencillo alquilar este tipo de vehículos a precios bastante razonables. De este modo, se va haciendo más fácil que crezca el número de aficionados a dejarse llevar según sople el viento.

Josef Ajram, ¿broker o triatleta?

Ciertamente, cuando vemos a este joven de 34 años, su cuerpo musculado tatuado y con piercings, lo último que pensamos es que sea un triatleta , pero menos aun que se dedique y sea experto en Bolsa española.

Así es Josed Ajram Tares, un chico entre dos mundos. Partiendo también de que es de padre sirio y madre española, aunque nacido en Barcelona.

Desde niño supo cuáles eran y desarrollar sus pasiones. Por eso siempre fue constante, disciplinado e incluso obsesivo por su pasión deporte. Sobre todo por la bicicleta, en la cual le inició su abuelo paterno. Y aunque dejara los estudios, lleva en la Bolsa ya prácticamente una década.

¿Cuál es su clave? 

No cree en el azar. No necesariamente las cosas son cuestión de suerte. Sí cree el trabajo duro y que lo que te apasiona te hace ser ,siempre, el mejor. En la disciplina y el cálculo, algo que lleva hasta en sus horarios: 8 horas de dormir, 8 de trabajar y las 8 restantes para él mismo, de las cuales saca tiempo para su otra gran actividad, viajar. Algo que por sus padres le fue fácil desde niño.

 La adrenalina en cada faceta de su vida

Hombre adicto a los retos, escribe libros e incluso practica algún arte marcial. Pero ante todo es IronMan…¿o quizás bróker? Él mismo considera que su profesión es la segunda, pues es la que le da más recursos para vivir. Lo que está claro es que la acción, el riesgo y la satisfacción de cada una de sus facetas le hace disfrutar en cada instante de lo que tiene y ha conseguido. Es su forma de afrontar la vida.

No considera que sea un atleta de triatlon, sino de aventura. Le encantan los desafíos deportivos. Como irse al Titan Desert que al Seven Islands. No mira tanto ganar un IronMan como tener una habilidad comunicativa con la sociedad. De ahí su gran cantidad de patrocinadores, libros publicados, redes sociales y blog

 Logros deportivos

Estos son algunos de sus casi treinta títulos.

–        1st Spaniard finish Utraman Canada

–        1st place stage Ultraman Canada (dos años consecutivos)

–        2 nd place Titan desert Mountain Bike Marathon (2006)

Admira a Julian Sanz (Ultrafondista de bici); Killian Jornet (carreras de montaña); Marcel Zamora (Ganador de tres Ironman de Niza) y a Serge Girad, por recorrer el mundo de París a Tokio.

Actualmente se encuentra en Gran Canaria, preparando y reconociendo el terreno para el RedBull 7 Islanf. Desde este blog ¡Mucha suerte!

El arte del desplazamiento

No hace demasiado, me asomaba al bacón, a que me diera un poco el fresco, aprovechando que aún es gratis. Y vi a un grupo de jóvenes –como en la canción de Sabina, no pasaba de lo veinte, el mayor de los tres chicos-. Vestían ropa cómoda, calzado deportivo y guantes sin dedos.

El caso es que los fibrosos muchachos de dedicaban a saltar barandillas, vallas, tapias… en lo que me pareció el movimiento más fluido y natural que pueda hacerse ante cualquier obstáculo que muy bien podría rodearse pero que es más divertido saltar.

Parkour

Cuando conseguí dejar de mirar, casi hipnotizado, sus evoluciones y teniendo en cuenta que los estornudos frecuentes me estaban indicando que ya había tomado bastante el fresco, entré en casa. Sabía que ése era algún tipo de deporte más o menos urbano, y sabía que lo había visto antes, pero, ¿cuál?, ¿cuándo?

¡¡Parkour!!

Por suerte, Internet pone un mundo de conocimientos en la punta de nuestros dedos, de modo que al cabo de pocos minutos de búsqueda ya sabía que había estado viendo y asombrándome de las evoluciones de unos “traceurs”, que es como se llama a los practicantes de parkour.

Y seguí invetigando, en este caso apoyándome en Wikipedia: “Parkour, también conocido como l’art du déplacement (el arte del desplazamiento), es una disciplina que consiste en desplazarse de un punto a otro lo más eficazmente posible, usando principalmente las habilidades del cuerpo humano. Esto significa superar obstáculos que se presenten en el recorrido (…)”.

Algo más que saltos

“O sea: que, básicamente es llevar el extremo eso de que el camino más rápido y directo entre dos puntos es la línea recta”, pensé “¿Y para eso hay que jugarse el tipo?”. No puede ser: como cualquier deporte, sobre todo los urbanos, y más aún si te arriesgas a romperte algo, tiene que haber una filosofía, una forma de ver y entender la vida detrás.

Y la hay: Para cada traceur el deporte significa algo diferente, sea como medio de hacer ejercicio, como lograr la satisfacción de superar un reto, superarse a sí mismo… Eso sí: Un buen practicante de este deporte nunca molesta a nadie ni daña el entorno, jamás pone en peligro su propia vida si no está seguro lograr cierto salto y nunca compite contra otras personas.

Colaboración, no competición

Hablando de esto último: estamos ante un deporte no competitivo, aunque sí se dan las RT o reuniones de traceurs, donde se enseñan los movimientos y técnicas adquiridas, más con afán de compartir que de exhibirse.

Como estoy convencido de que hablaremos en más ocasiones del parkour, no voy a ahondar más en él por ahora. Sólo decir que el objetivo de éste es realizar un movimiento fluido y libre. No hay reglas: sólo un espíritu y un lema: “Ser y durar”. Pero esas tres palabras merece un artículo  para ellas solas. Y lo tendrán…

No soy David Meca

Nunca voy a ser un Oiarzábal, ni creo que llegue jamás a saber qué es poner un pie por encima de 2.949,33 metros (un tercio de la altitud del Everest). De hecho, a los 2.519 del Naranjo de Bulmes, boqueaba como un pez (lo hacía, de hecho, bastante antes).

No creo que nadie vaya a confundirme, mientras nado, con David Meca ni que sea capaz de atravesar un río muy tranquilo de más de veinte metros de ancho o de hacerme más de un par de largos seguidos en una piscina olímpica.

Path to my Self

¿El Camino de Santiago? Pero si el día que más recuerdo haber caminado fueron del orden de veinticinco kilómetros y acabé tan cansado que apenas podía levantarme al día siguiente. Como para ir desde Sant Jean de Pied de Port (que es donde de verdad comienza el Camino francés) a Santiago de Compostela…

¿Por qué me gustan los deportes de aventura?

En fin, que soy todo lo contrario de un deportista de élite. Es más, posiblemente no puedo siquiera considerarme deportista, salvo que la práctica esporádica me conceda el título. Entonces, ¿por qué me gustan tanto los deportes de aventura que incluso me atrevo a escribir sobre ellos?

Pues porque el deporte es una de las prácticas más populares que pueden darse: todo el mundo tiene el derecho y, a poco que quiera, la posibilidad de practicarlo. No conozco a nadie que, si no tiene una instalación deportiva a mano, no pueda salir a pasear y respirar aire puro o subirse a la bicicleta y disfrutar de paisajes maravillosos.

Enjoying a sunset in Salto, Uruguay

“Límites” es sólo una palabra

Todos podemos practicar algún deporte de aventura, de mayor o menor nivel. Pero no es sólo eso. Interioricemos lo que significa el deporte de aventura: el reto a uno mismo. El decir “con un paso más, me queda un paso menos hasta la meta ¡Vamos!”.  Apretar los dientes e imponerse al vértigo, al miedo a caer. Y, aun habiendo caído, levantarse y reemprender la marcha.

Romper los límites por la mera satisfacción de romperlos… ese es el espíritu del deporte de aventura. Que las barreras, las externas y las que tu mente te impone existan con el único fin de ser superadas.

No: no soy un deportista de élite, no soy un temerario (más bien lo opuesto), estoy terriblemente fuera de forma para poder decir que soy un deportista y, sin embargo, me apasiona el deporte de aventura, al nivel que yo puedo practicarlo, porque no es mero ejercicio, sino una forma de entender la vida.

Valores

En esta ocasión no vamos a describir un deporte concreto, porque vamos a referirnos a todos. Existe algo común a cualquier deporte, pero que posiblemente se acentúe en los de aventura. Se llama “valores”. Sí: es cierto que no sólo en el deporte se viven los valores, sin embargo, es una de las mejores formas de hacerlo y de inculcarlos.

No nos engañemos: la norma general dicta que en nuestra sociedad posmoderna, televisiva y sideral (los adjetivos, en este caso no son un mero adorno) el valor supremos es el éxito al precio que sea. Está muy bien participar, pero hay que ganar para ser felices.

Valores

Hemos invertido la escala de valores que se nos proponía como camino hacia la felicidad, sin darnos cuenta de que esta nueva nos hace más miserables, por mucho dinero que nos aporte. Que el triunfo en sí mismo, el dinero, el placer… son trofeos de aire, medallas de chocolate si no hay “algo más” detrás.

Ese “algo más”, que sí podría ser un objetivo en sí mismo, son los valores que conlleva el deporte:

No es el único camino, pero es uno de los buenos

Porque es muy difícil que una persona sea feliz en soledad, y el deporte enseña el valor de trabajar en equipo. Es inimaginable descender un río sin la colaboración de todos cuantos viajan en la barca.

Porque los logros sin esfuerzo, sin saber qué es el reto, el fracaso y la superación personal son dulces, pero no tanto como alcanzarlos después de haber sudado, después de que nos duelan las  piernas –metafóricamente o no- por lo duro del camino, el deporte nos enseña a romper las barreras propias, a convertir el miedo en un aliado y el dolor en un amigo íntimo. De eso saben mucho los ciclistas o los montañeros, por poner un ejemplo.

Mucha gente, pocas personas

Porque podemos poseer el mundo que, sin amigos, sin amor, parafraseando el escrito evangélico, somos campanas vacías, cualquier deporte nos enseña a querer a quien está a nuestro lado, a valorarlo. Nos enseña cuanto vale lo que poseemos pero, sobre todo cuanto vale una mano amiga. Quien se ha perdido en un bosque y ha oído, cuando estaba a punto de anochecer, una voz llamando su nombre, sabe de qué hablamos.

No se trata de tomar, sin criterio, lo que nos ofrece y a veces exige la sociedad, se trata de detenernos, pensar, sentir. Recordar que somos personas. Resolvamos el problema que el gran Quino planteaba en boca de Mafalda: “En el mundo hay demasiada gente y pocas personas”.

La respuesta se llama “valores”, y uno de los caminos más efectivos es el deporte, de aventura o no.