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Volando voy, volando vengo

Y todos sabemos que lo importante es entretenerse por el camino. Disfrutar, en definitiva, la experiencia de volar. Ese es precisamente el objetivo de todos los deportes de vuelo sin motor, exprimir al máximo las sensaciones de moverse libremente por el aire de la forma más “natural” posible. Hoy vamos a recordar unos cuantos de estos deportes aeronáuticos que ni hacen ruido, ni contaminan.

El llamado vuelo a vela es el que más recuerda a la forma convencional que tenemos los humanos de elevarnos por los aires, ya que utiliza un planeador similar a un avión. El objetivo es aprovechar, conforme a diferentes técnicas, las corrientes naturales de aire, especialmente las ascendentes. Para llegar a ese punto requiere ser remolcado por una avioneta convencional.

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El mismo principio de aprovechamiento de corrientes rige el ala delta, otra disciplina más simple en cuanto a material (una tela en forma de triángulo, una estructura metálica ligera y un arnés) y que permite despegues y aterrizajes a pie. Pero que nadie se confunda, se puede estar en el aire durante horas y recorrer hasta 800 kilómetros. Como en el vuelo a vela, hay varios objetivos competitivos, y hay también versiones motorizadas.

Hay opciones para todos los gustos, más o menos extremas

El paracaidismo es seguramente el más conocido de los deportes aeronáuticos. Implica un salto (de aeronave o superficie fija) contando únicamente con un paracaídas (dos en realidad) y otros accesorios como gafas, altímetro, oxígeno y ropa abrigada. Entre sus modalidades de caída libre se encuentran las figuras y piruetas, el tracking (que busca el desplazamiento horizontal), el sky surf y el wingsuit o vuelo con traje de alas que tanto le gustaba a Álvaro Bultó.

El parapente (paracaídas de pendiente) es una especie de vía intermedia ideado por montañeros para descender rápidamente. El material se parece visualmente a un paracaídas, pero es más gobernable y en realidad se considera un ala, aunque el piloto sólo controla el alabeo y el cabeceo, pero no la guiñada. Tiene frenos, acelerador y permite hacer maniobras técnicamente sutiles que lo aproximan a las modalidades de paracaidismo de vuelo.

Como siempre, si queremos acercarnos a estos deportes conviene informarnos bien con anterioridad en nuestro club más cercano acerca del equipamiento y entrenamiento básicos que debemos adquirir, así como plantearles cualquier otra duda que nos surja. No son prácticas excesivamente caras, pero sí requieren una importante organización. Lo mejor es que uno se inicia en compañía, permitiendo compartir las sensaciones.