Deportes de Aventura relacionados con: pesca

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La suerte del método de otro

Un buen día, me dirigía con la familia hacia mi lugar preferido de descanso. Con todo el coche preparado y listos para disfrutar de un día de playa, llegamos muy temprano a la Playa del Cabanyal. Colocamos todos los trastos, cuatro sillas, una mesa y una sombrilla por si a mitad de la mañana se hacía insoportable el sol.

Recuerdo perfectamente que soplaba viento de componente noreste y había salido un sol radiante. Comenzamos almorzando, cuando al rato vino un señor de aproximadamente 65 años y dirigiéndose  a nosotros nos dijo:  ¡buenos días!¡que aproveche!

El señor se dispuso a ubicarse justo a escasos palmos de nosotros. De repente, empezó a preparar una caja de corcho blanco de unos 20cm x 20cm más o menos y se fue hacia el mar. Pasados unos minutos, salió con una palometa de tamaño más que aceptable. De momento, una historia bastante normal si no os dijera que en pocos minutos se volvíó a repetir lo mismo.

¿Cómo es posible?

Me dirigí a él y le pregunté: ¿es normal que usted pesque tanto y tan deprisa?

Me invito a entrar al mar y explicarme cual era ese pequeño truco que hace de un pescador sin pescado a un pescador con pescado. Pues bien, según explicaba: en una pieza de madera de unos 10 cm se liaba unos cinco metros de hilo de pescar con su correspondiente corcho, plomo y quita vueltas y con su carnada con anzuelo del número 7.

Removiendo el fondo

De cebo, utilizaba tellina que él mismo buscaba entre la arena del mar y una vez encontraba un par, cogía una y la ascaba en el anzuelo. Dejaba caer el corcho a favor de la marea y, como si de un tractor se tratase, este señor iba moviendo la arena con los pies para así crear un manto de arena rico en alimentos del mar, entre los cuales, se encontraba el cebo con el anzuelo.

Pasados 2 minutos (aproximadamente y con algo de suerte!¡¡zas!!), el corcho se hundió con su correspondiente tirón del hilo por parte del pescador para así asegurar la captura al clavar más el anzuelo en las fauces de la presa. Empezó a cobrar del sedal y poco a poco se veía saltar una espléndida y ágil mabra de unos 200 gramos más o menos.

Yo, como amante de las pesca, quedé sorprendido. El señor, al ver mi cara de sorpresa me invitó a que probara yo mismo. Seguí cada una de las instrucciones que me había aconsejado ese señor y ¡de repente! Y digo de repente, como es toda suerte, sentí en mi mano el tirón de una bonita lubina.

¡¡Cayó!!

El señor, al verla saltar me dijo: “¡Estira, suave que ese pez es gordo!” y con agua al pecho fui cobrando sedal lentamente hasta agotarlo por fin! y poco a poco acercarla a mis manos para poder sacarla con seguridad.

Bueno, tras un día más en la playa del Cabanyal, ese día nos fuimos muy contentos a casa. Esa noche, pude cenar pescado fresco. Espero os haya servido de algo este post.

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Un día de pesca diferente

Un día por la tarde bien temprano me dispuse a preparar todos los artilugios e indumentaria para, a la mañana siguiente, irme a pescar con caña a la playa. Y a la mañana siguiente cogí el coche, cargué todos los trastos y me puse rumbo a la playa del  Saler: famosa por sus grandes capturas y sus playas naturales.

Al llegar allí, me puse a montar las cañas, instalar los hierros donde se apoyaban las cañas para no tener que sujetarlas constantemente y preparé las cametas con anzuelo del nº4. Puse plomos de 135 gr debido a que ese día había algo de marea y de repente cuando me dispuse a destapar la nevera…   ¡¡me llevé una mala noticia!! No había cebo. Lo había olvidado en mi casa.

Ante tal situación no sabía qué hacer, y un señor que paseaba con su perro, se arrimó y me preguntó: ¿que tal la pesca joven? Yo le respondí: ¡fatal! ¡he olvidado el cebo! El hombre al ver mi cara de “preocupación” me dijo: ¿tienes una pala o un cazo?

A grandes males… gusanos de playa

Casualmente, llevaba una taza para el café que va acoplada al termo y me dijo: ¡pues tienes cebo! Coge la taza y escarba en la orilla para así poder sacar el famoso -aunque desconocido para mi- gusano de playa.

En pocos segundos comprobé que lo que aquel hombre me había dicho era cierto. Apenas a un palmo y medio de profundidad empezaron a brotar de entre la arena: son rojos, finos y muy codiciados por ciertas especies del mundo marino como por ejemplo la dorada, la lubina,la palometa y la mabra. Entre ellos aparecieron varias “calaberetas”: una especie de cangrejito pequeñito de color gris.

¡Pobres peces!

El hombre al verlos me dijo: ¡estas de suerte! ¡Mira, dos calaberetas! Me enseñó muy pausadamente como se preparaba este cebo tan sumamente rico para la dorada y la lubina.

Empezó…: se ha de coger el cangrejo y una goma elástica o hilo de goma. Se ata al cangrejo de forma que quede oculto el anzuelo dejando eso sí, las patitas del cangrejo libres para que se mueva y llame la atención de la presa.

Tras estos consejos me despedí del hombre y de su simpática mascota. Luego, la otra caña la asqué (como se dice en el argot del pescador) con gusano de playa. Tras un tiempo de espera, el mal tiempo amainó y se quedó la mar más tranquila.

Pasaba la mañana y veía que se hacia la hora de la comida. Veía que la caña hacia movimientos de estira y afloja…y de repente…¡¡siiiii amigos!!! Por fin obtuve una captura. Una dorada de 236,4 gramos. Menudo festín para el paladar. Espero que con esta experiencia os haya acercado un poquito más al mundo de la pesca. Animaos. Pasaréis un rato divertido.

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Definamos pesca

Son cada vez más las personas que debido a que consideran que es un deporte bastante barato si lo comparamos con el esquí, el golf o un día de rafting utilizan la pesca como forma de entretenimiento.

Cada amanecer coger la caña, un bocadillo y un par de cajitas de cebo que hacen de una mañana cualquiera a una mañana de pesca. La costumbre crea de esta actividad muchas veces una forma diferente de pasar el día.

Algunos con la esperanza de llevarse alguna recompensa y algunos otros hacen de ese día una satisfacción que sólo unos pocos saben entender.

La pesca inocua

La pesca, si la vemos como una actividad realizada por ocio o competencia, la llamaremos pesca deportiva. A menudo “sin muerte”. Esta práctica se da cuando el individuo no pesca para llevárselo a casa si no que todo lo que pesque lo soltará sin que el pez muera o quede dañado además de que en esta modalidad utilizan otro tipo de anzuelo para que el pez no sufra.

Dicho de otra manera, la pesca es deportiva cuando la actividad pasa de ser mero ocio o afición a ser de competición, siendo  gestionada por las diferentes federaciones de pesca, tanto a nivel regional como nacional, organizando concursos, campeonatos y actividades a todos los niveles.

Paciencia… Es la madre de la ciencia

Por otra parte, se dan casos de personas que por oír mencionar un anuncio de televisión de que caña + carrete + anzuelos cuestan 15 € se lanzan a la aventura sin saber en la mayoría de casos cómo utilizar debidamente cada uno de los artilugios necesarios.

Éstos, acaban aprendiendo con el tiempo, hasta que llega un “fabuloso” día que por fin pescan… ¡un pez!. Desde ese momento les crece la inquietud de volver a pescar creyéndose así que les gusta la pesca, sin tener en cuenta que la pesca es algo más que pasar un día en el que obtienes como recompensa un pez por puro mérito y satisfacción de no llegar de vacío a casa.

Lobina Negra (Black Bass)

La pesca, un deporte que sólo cada uno puede definir

Claro que, cada uno debe de entender qué es la pesca… viéndolo así de manera diferente según la experiencia que haya vivido, y teniendo en cuenta de existen muchas maneras de entenderla.

Hay que hacer hincapié en que se confunde el término muchas veces. La pesca y la pesca deportiva son términos muy diferentes, y a veces confundirlos lleva en muchos casos a hacer uso indebido de ellos.