Deportes de Aventura relacionados con: deporte

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Landsailing

Empecemos por saber el segundo nombre de esta actividad deportiva: sand (o land) yachting. Ahora, traduzcamos los anglicismos: el que corresponde al título del artículo es algo así como navegación a vela en tierra; los otros dos se traducen, más o menos, como navegar en yate por la arena (o por tierra).

Con lo dicho, parece quedar definida la naturaleza de este divertidísimo deporte, aunque vamos a concreta un poco más en qué consiste: el landsailing es la acción de moverse en tierra sobre un vehículo con ruedas impulsado por el viento, a través de uso de una vela.

Landsailing

Históricamente, el landsailing se ha usado como medio de transporte o de diversión. El paso del tiempo lo ha hecho evolucionar, sobre todo a partir de la década de los cincuenta, hacia convertirse en un deporte de carreras.

El vehículo en sí

Los “yates de tierra”, traducción de uno de sus nombres en inglés, sand yacht, tienen, habitualmente tres ruedas y funcionan, básicamente como barcas de vela, sólo que se manejan sentado o tumbados a través de pedales o palancas.

El sitio ideal para este deporte son zonas planas y con mucho viento, de modo que muchas de las carreras se llevan a cabo en la playa, explanadas de viento o lechos de lagos secos en regiones desérticas.

Los “marineros de tierra” (de acuerdo: “pilotos”) pueden llegar a alcanzar una velocidad tres veces superior a la del viento. De hecho, se considera más beneficiosa una ráfaga para estas máquinas que un role favorable del viento.

Volando en las alas del viento

Si, al igual que la inmensa mayoría de los lectores, te estás preguntando qué velocidad alcanzan estos vehículos, te diremos que los dos últimos intentos de batir e record de velocidad con éxito han alcanzado cuotas espectaculares:

El 20 de Marzo de 1999, en norteamericano Bob Schumacher alcanzaba los 187 kilómetros por hora a bordo de su iron Duck en Ivanpah Dry Lake, cerca de Primm, en Nevada, Estados Unidos. Un récord que permanecería vigente durante diez años.

Vértigo a ras de suelo

Fue también en el mismo lago de Nevada donde, el 26 de Marzo de 2009 cuando el ingeniero británico Richard Jenkins volaba en las alas del viento a ras de tierra para alcanzar los 202,9 kilómetros por hora. En este caso, el viento fluctuaba entre los 48 y los 80 kilómetros por hora.

Son muchos los practicantes de este deporte, sobre todo en zonas ventosas, y comienza a ser sencillo alquilar este tipo de vehículos a precios bastante razonables. De este modo, se va haciendo más fácil que crezca el número de aficionados a dejarse llevar según sople el viento.

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Valores

En esta ocasión no vamos a describir un deporte concreto, porque vamos a referirnos a todos. Existe algo común a cualquier deporte, pero que posiblemente se acentúe en los de aventura. Se llama “valores”. Sí: es cierto que no sólo en el deporte se viven los valores, sin embargo, es una de las mejores formas de hacerlo y de inculcarlos.

No nos engañemos: la norma general dicta que en nuestra sociedad posmoderna, televisiva y sideral (los adjetivos, en este caso no son un mero adorno) el valor supremos es el éxito al precio que sea. Está muy bien participar, pero hay que ganar para ser felices.

Valores

Hemos invertido la escala de valores que se nos proponía como camino hacia la felicidad, sin darnos cuenta de que esta nueva nos hace más miserables, por mucho dinero que nos aporte. Que el triunfo en sí mismo, el dinero, el placer… son trofeos de aire, medallas de chocolate si no hay “algo más” detrás.

Ese “algo más”, que sí podría ser un objetivo en sí mismo, son los valores que conlleva el deporte:

No es el único camino, pero es uno de los buenos

Porque es muy difícil que una persona sea feliz en soledad, y el deporte enseña el valor de trabajar en equipo. Es inimaginable descender un río sin la colaboración de todos cuantos viajan en la barca.

Porque los logros sin esfuerzo, sin saber qué es el reto, el fracaso y la superación personal son dulces, pero no tanto como alcanzarlos después de haber sudado, después de que nos duelan las  piernas –metafóricamente o no- por lo duro del camino, el deporte nos enseña a romper las barreras propias, a convertir el miedo en un aliado y el dolor en un amigo íntimo. De eso saben mucho los ciclistas o los montañeros, por poner un ejemplo.

Mucha gente, pocas personas

Porque podemos poseer el mundo que, sin amigos, sin amor, parafraseando el escrito evangélico, somos campanas vacías, cualquier deporte nos enseña a querer a quien está a nuestro lado, a valorarlo. Nos enseña cuanto vale lo que poseemos pero, sobre todo cuanto vale una mano amiga. Quien se ha perdido en un bosque y ha oído, cuando estaba a punto de anochecer, una voz llamando su nombre, sabe de qué hablamos.

No se trata de tomar, sin criterio, lo que nos ofrece y a veces exige la sociedad, se trata de detenernos, pensar, sentir. Recordar que somos personas. Resolvamos el problema que el gran Quino planteaba en boca de Mafalda: “En el mundo hay demasiada gente y pocas personas”.

La respuesta se llama “valores”, y uno de los caminos más efectivos es el deporte, de aventura o no.

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Windsurfing

Un día, a alguien se le ocurrió que sería divertido jugar con dos elementos a la vez: el viento y las olas. En otro momento seremos más concretos, pero es que, como inicio para un artículo sobre un deporte de aventura, éste nos gustaba más.

El windsurfing es un deporte de superficie acuática que combina el surf y la navegación. Se practica sobre una tabla de entre dos y tres metros en entre 60 y 250 litros de volumen, a la que se aplica una vela para aprovechar a fuerza del viento.

Windsurfing

Estos elementos se conectan a través de una juntura que rota 360º y que va unida al mástil, del que, a su vez sale una barra-asidero por ambos lados de la vela. Vela que, por cierto, presenta una superficie de entre 2,5 y 12 metros cuadrados.

Un poco de Historia

Ahora sí: camuflada en el medio del texto, algo de Historia. La creencia más extendida sitúa su origen 1965, cuando S. Newman Darby inventaba la “tabla de navegación” para usarla en el río Susquehanna, en Pennsylvania, Estados Unidos. Aunque no se le ocurrió que debía patentarla.

Era 1964 cuando Darby empezaba a vender sus tablas y 1965 cuando en la revista Popular Science escribía un artículo promocional sobre ellas. Como el invento de Darby incorporaba un anillo pivotante, en lugar de giratorio, éste sufría todas limitaciones asociadas que el sentido común nos indica que sufría si lo comparamos con las tablas actuales.

Una maniobra olvidada

Se manejaba el artilugio con la espalda hacia la parte de sotavento de la vela en forma de cometa. El artículo de Popular Sciece decía: “…you can learn to master a type of manoeuvering that’s been dead since the age of the picturesque square riggers”. Traducido: “… usted puede aprender a dominar un tipo de maniobra que lleva muerto desde la era de los pintorescos aparejos cuadrados”.

Puede decirse que el windsurfing amalgama la cultura relajada del surf y la más formal de la vela, aunque también podríamos hablar de este deporte como una versión minimalista de a vela. Pero, en realidad, cabalgar las olas sobre una tabla ayudado por el viento ofrece una serie de sensaciones que están fuera del alcance de cualquier regatista:

Los “winsurfers” pueden saltar dar volteretas, realizar maniobras giratorias y una amplia gama de movimientos “freestyle” que, desde luego no puede siquiera soñarse que se hacen con un barco. Es más, los practicantes de este deporte fueron los primeros en cabalgar sobre las olas más grandes de mundo, ya que la idea de éste surgía antes que la del surf.

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Moverse con algo de gracia

Muchos son los días en los que no sabes que hacer, te levantas sin ganas de nada y necesitas desconectar del trabajo y de todo. Un día me levanté así y pensé en que necesitaba algo nuevo, algo que me hiciera ver las cosas de otra manera, algo que me sirviera para descansar de la rutina de todos los días.

Ojeando por internet encontré un “deporte” que me pareció muy interesante y divertido. No hay nada como un día soleado y el practicar deporte con un Segway. Os preguntaréis algunos qué es esta extraña palabra que parece ser obtenida de una marca de refrescos. Pues bien, nada más allá de montar en un vehículo a motor.

Sentirás el viento y la velocidad con cada uno de ellos. Sentirás cosas que jamás habías imaginado. Buscarás sin darte cuenta tu propio equilibrio. Es muy sensible a cada movimiento que realices. Se adaptará a cada giro que hagas. Solo tendrás que situarte en él e inclinarte hacía adelante para sentir que te mueves hacía esa dirección.

Más allá del mundo

Sentirás la brisa en tus mejillas, el respirar aire puro que te hará sentir mejor, además de poder respirar la tranquilidad que en ese momento necesitas. Es un deporte que se practica al aire libre, donde podrás experimentar toda clase de sensaciones.  Podrás fotografiar bonitos paisajes y lo más importante es que te hará sentir que eres libre gracias a la adaptación del vehículo con la persona que lo dirige.

Podrás adaptarte al medio y es divertido de montar. Además de ser seguro y estable. Es apto para cualquier tipo de personas y muy recomendable para situaciones de estrés o de ansiedad. Super fácil de manejar y en pocos minutos podrás disfrutar como si de volar a ras de suelo se tratase.

Palabra clave: sensaciones

Las sensaciones son infinitas. Muchos lo definirían como lo hace la enciclopedia virtual “Wikipedia”: “un vehículo de transporte ligero giroscópico eléctrico de dos ruedas, con autobalanceo controlado por ordenador, inventado por Dean Kamen que fue inventado en 2001, pero otros lo califican como la manera más divertida de pasar un día en familia o en compañía de amigos.

Pasar un día diferente y rodeada de flora que hace de ese día un día lleno de aventura y de emociones. Sin duda, es algo que no tardaré en practicar ya que me parece una manera de disfrutar y de evadirse del mundo en un día de domingo.

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Un puente de aventura

¡Uf! ¡Uf! ¡Vaya carrera! ¿Llegamos a tiempo para ofrecerte algunas ideas para el puente de Diciembre? O al menos para hacerte cambiar un par de planes, esperamos… Entre las muchas posibilidades que se nos ofrecen a partir de 6 de Diciembre están los deportes de aventura: Naturaleza y acción, de la mano.

Es un error bastante común asociar deporte a aventura a sol y buen tiempo. Y aquí van unas cuantas pruebas:

Un puente de aventura

Comenzamos hablando del mushing, una forma de desplazarse más antigua que la memoria que ha acabado por convertirse en un deporte. Y gracias a este deporte conectaremos con la Naturaleza y lo haremos de una forma apasionante. Posiblemente más si terminamos la jornada en un tipi (una tienda de campaña como la que usaban los indios norteamericanos).

Cantidad, variedad y diversión asegurada

Concretamente, estamos pensando en la estación de esquí de Vallnord, donde un musher profesional guiaría el trineo durante una media hora por determinadas zonas del paraje y nos ofrecerá una cena en un tipi si nuestro grupo es pequeño o en un restaurante si es grande.

Otra buena idea es la de practicar zorbing. Básicamente, nos introducimos dentro de una bola grande (unos dos metros de diámetro), en la que caben dos personas y jugar con la nieve de la ladera y la fuerza de la gravedad.

Seguridad, para divertirnos

Quienes practican el zorbing van sujetos con un arnés, de modo que el peligro se reduce a cero. Este deporte presenta diferentes modalidades y dificultades, incluso una que podría asociarse al buen tiempo y que consiste en rodar por el agua.

Más ideas, también con la nieve en mente: excursiones caminando sobre raquetas, paseos en moto de nieve. Cómo no: el esquí en cualquiera de sus modalidades es un deporte que se adapta a cualquier edad o condición física: es posible que no estemos como para hacer un slalom gigante, pero tal vez sí unos kilómetros de travesía a un ritmo tranquilo.

¿Te apetece un cambio de planes?

Tras haber echado un vistazo a estas ideas es posible que, si no tenías plan, lo tengas ya; y si lo tenías, puede que cambies de opinión. Pero, por si acaso aún dudas de si disfrutar o no del puente, ahí van algunas ideas entre fresquitas y frías: buceo bajo el hielo, fabricación de iglús, escala en hielo…

Anda: búscate  una compañía que te ofrezca alojamiento y pack de aventura y disfruta del puente de la Constitución como no pensabas hacerlo ¿De verdad pensabas que el deporte de aventura es sólo para disfrutar bajo el sol?

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No soy David Meca

Nunca voy a ser un Oiarzábal, ni creo que llegue jamás a saber qué es poner un pie por encima de 2.949,33 metros (un tercio de la altitud del Everest). De hecho, a los 2.519 del Naranjo de Bulmes, boqueaba como un pez (lo hacía, de hecho, bastante antes).

No creo que nadie vaya a confundirme, mientras nado, con David Meca ni que sea capaz de atravesar un río muy tranquilo de más de veinte metros de ancho o de hacerme más de un par de largos seguidos en una piscina olímpica.

Path to my Self

¿El Camino de Santiago? Pero si el día que más recuerdo haber caminado fueron del orden de veinticinco kilómetros y acabé tan cansado que apenas podía levantarme al día siguiente. Como para ir desde Sant Jean de Pied de Port (que es donde de verdad comienza el Camino francés) a Santiago de Compostela…

¿Por qué me gustan los deportes de aventura?

En fin, que soy todo lo contrario de un deportista de élite. Es más, posiblemente no puedo siquiera considerarme deportista, salvo que la práctica esporádica me conceda el título. Entonces, ¿por qué me gustan tanto los deportes de aventura que incluso me atrevo a escribir sobre ellos?

Pues porque el deporte es una de las prácticas más populares que pueden darse: todo el mundo tiene el derecho y, a poco que quiera, la posibilidad de practicarlo. No conozco a nadie que, si no tiene una instalación deportiva a mano, no pueda salir a pasear y respirar aire puro o subirse a la bicicleta y disfrutar de paisajes maravillosos.

Enjoying a sunset in Salto, Uruguay

“Límites” es sólo una palabra

Todos podemos practicar algún deporte de aventura, de mayor o menor nivel. Pero no es sólo eso. Interioricemos lo que significa el deporte de aventura: el reto a uno mismo. El decir “con un paso más, me queda un paso menos hasta la meta ¡Vamos!”.  Apretar los dientes e imponerse al vértigo, al miedo a caer. Y, aun habiendo caído, levantarse y reemprender la marcha.

Romper los límites por la mera satisfacción de romperlos… ese es el espíritu del deporte de aventura. Que las barreras, las externas y las que tu mente te impone existan con el único fin de ser superadas.

No: no soy un deportista de élite, no soy un temerario (más bien lo opuesto), estoy terriblemente fuera de forma para poder decir que soy un deportista y, sin embargo, me apasiona el deporte de aventura, al nivel que yo puedo practicarlo, porque no es mero ejercicio, sino una forma de entender la vida.

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Mirando a la cima

Deberían dolerme todos los músculos del cuerpo. Deberían estar ardiéndome los pulmones. Debería sentirme morir… Y sin embargo me siento vivo. Estoy a casi nueve kilómetros en vertical sobre el nivel de mar. En este momento, ningún ser humano que tenga los pies en el suelo pisa más alto que yo.

Han valido la pena estos años de deseo, de entrenamiento, los tres intentos frustrados, el haber sentido las manos de la muerte apretándome la garganta otras tantas veces. Ha valido la pena casi todo.

He visto lo que pocos seres humanos han visto y algunas cosas que nadie debería ver jamás, como los cuerpos sin vida de aquéllos a los que el Everest les niega la gloria, o el derecho de regresar. Se quedan aquí arriba, donde no hay bacterias que los descompongan. Alguno, a muy pocos metros de la cumbre.

Una amante cruel

¿Qué pensaría ese pobre tipo que quiso llegar hasta aquí sin la ayuda de las bombonas de oxígeno y cayó, exhausto y derrotado, apenas a cien pasos de donde yo estoy ahora mismo? La montaña, madre, amorosa catapulta a la gloria para unos y venenosa mamba negra que se revuelve, letal, contra quien la molesta para otros, ¿qué pensaría?

Porque estoy seguro de que este monte, esta fortaleza caprichosa, piensa y siente. Es sólo que no sabemos entender lo que nos dice ¿Sonríe, benévolo, ante unos y se alza infranqueable ante otros? ¿Tal vez reparte gloria y muerte al azar y, como un toro, trae dinero y fama en su lomo pero sólo para quien sepa evitar sus astas?

Mirando al cielo

Vuelvo mis ojos a ese cuerpo conservado en un ambiente más frío y aséptico que el más cuidado de los laboratorios. Mira hacia aquí, con los ojos cerrados por unos dedos piadosos que los sostuvieron hasta que los treinta grados bajo cero helaron y soldaron los párpados.

Kathmandu , Nepal,Himalayas,Everest

Mira hacia aquí, no hay duda. Murió sabiendo que no alcanzaría la meta. Que todos sus esfuerzos, el frío, los terribles dolores, la laxitud muscular y otras privaciones que en aras de la dignidad de lo que antes fue una persona me guardo, pues yo sé lo que es olerte y no soportar tu propio olor, murió, digo, sabiendo que todo fue en vano.

Despacio, pues a estas altitudes no puede uno moverse de otra forma, abandono la cumbre. Sé que la subida da la gloria, pero que el mayor peligro se encuentra en la bajada. Paso al lado del cuerpo, me agacho junto a él y le palmeo el hombro.

Lento regreso a la vida

El viento arrastra de acá para allá envoltorios de basura de todo tipo y pienso por qué la montaña dejó pasar a domingueros de las alturas, permitiendo que volvieran para que el mundo siga siendo así de insulso, mientras a quien la retó cara a cara lo hizo morir cuando ya tenía la cumbre a una distancia poco mayor que cruzar una avenida.

Continúo bajando.

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Josef Ajram, ¿broker o triatleta?

Ciertamente, cuando vemos a este joven de 34 años, su cuerpo musculado tatuado y con piercings, lo último que pensamos es que sea un triatleta , pero menos aun que se dedique y sea experto en Bolsa española.

Así es Josed Ajram Tares, un chico entre dos mundos. Partiendo también de que es de padre sirio y madre española, aunque nacido en Barcelona.

Desde niño supo cuáles eran y desarrollar sus pasiones. Por eso siempre fue constante, disciplinado e incluso obsesivo por su pasión deporte. Sobre todo por la bicicleta, en la cual le inició su abuelo paterno. Y aunque dejara los estudios, lleva en la Bolsa ya prácticamente una década.

¿Cuál es su clave? 

No cree en el azar. No necesariamente las cosas son cuestión de suerte. Sí cree el trabajo duro y que lo que te apasiona te hace ser ,siempre, el mejor. En la disciplina y el cálculo, algo que lleva hasta en sus horarios: 8 horas de dormir, 8 de trabajar y las 8 restantes para él mismo, de las cuales saca tiempo para su otra gran actividad, viajar. Algo que por sus padres le fue fácil desde niño.

 La adrenalina en cada faceta de su vida

Hombre adicto a los retos, escribe libros e incluso practica algún arte marcial. Pero ante todo es IronMan…¿o quizás bróker? Él mismo considera que su profesión es la segunda, pues es la que le da más recursos para vivir. Lo que está claro es que la acción, el riesgo y la satisfacción de cada una de sus facetas le hace disfrutar en cada instante de lo que tiene y ha conseguido. Es su forma de afrontar la vida.

No considera que sea un atleta de triatlon, sino de aventura. Le encantan los desafíos deportivos. Como irse al Titan Desert que al Seven Islands. No mira tanto ganar un IronMan como tener una habilidad comunicativa con la sociedad. De ahí su gran cantidad de patrocinadores, libros publicados, redes sociales y blog

 Logros deportivos

Estos son algunos de sus casi treinta títulos.

–        1st Spaniard finish Utraman Canada

–        1st place stage Ultraman Canada (dos años consecutivos)

–        2 nd place Titan desert Mountain Bike Marathon (2006)

Admira a Julian Sanz (Ultrafondista de bici); Killian Jornet (carreras de montaña); Marcel Zamora (Ganador de tres Ironman de Niza) y a Serge Girad, por recorrer el mundo de París a Tokio.

Actualmente se encuentra en Gran Canaria, preparando y reconociendo el terreno para el RedBull 7 Islanf. Desde este blog ¡Mucha suerte!

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Pasear en globo, un soplo de aire fresco

Desde el principio de los tiempos volar ha sido una de las aspiraciones del ser humano. Todos conocemos historias de la mitología y de los cuentos en las que semidioses o simples humanos surcan los cielos.

Todas las culturas de la historia han encontrado la manera de volar gracias a aparatos mágicos, seres alados, inventos maravillosos… demostrando que el deseo de volar es universal y trasciende todos los espectros culturales y temporales.

Desde hacernos unas alas con plumas pegadas con cera, como Ícaro, hasta montar en un caballo alado, como Pegaso, en una alfombra voladora, como Aladino, o en escobas, como cualquier bruja que se precie, hemos intentando descubrir cómo alzar los pies del suelo y surcar los aires.

La necesidad de volar

Uno de los primeros en diseñar un aparato volador fue, como ya sabemos, Leonardo, pero no fue hasta 1782 cuando a los hermanos Montgolfier se les ocurrió la idea del globo aerostático.

La idea de que el aire caliente es más liviano se les ocurrió observando el humo de una hoguera y fue entonces cuando la posibilidad de elevarse en un globo de aire caliente empezó a tomar forma.

La primera demostración

El 4 de junio de 1783 los hermanos hicieron una demostración en un mercado francés con un globo aerostático de 10 metros de diámetro. Lo situaron encima de un pequeño fuego y el aire caliente lo elevó.

En septiembre lo repitieron en Versalles ante la corte con una tripulación formada por un gallo, un pato y una oveja. Luis XVI, María Antonieta y toda la gente congregada quedaron anonadados. Pero fue el 21 de noviembre de 1783, cuando Jean-François Pilâtre de Rozier, ayudante de los Montgolfier, tripuló el primer vuelo libre en globo.

Por fin el hombre había conquistado el cielo…

19 días, 21 horas y 55 minutos tardó el Breitling Orbiter III en dar la primera vuelta el mundo, el 21 de marzo de 1999. Este globo aerostático iba tripulado por Brian Jones y Bertrand Piccard y culminó su viaje sin escalas.

Desde entonces hasta ahora el vuelo en globo ha variado poco. Se han modernizados los materiales, usando materiales más ligeros y mejores combustibles, pero la esencia es la misma: una barquilla, una fuente de calor y un globo lleno de aire caliente.

Gran variedad de ofertas

La industria de los viajes en globo ha resurgido en la última década con el auge de los deportes de aventuras, y ahora podemos encontrar numerosas ofertas, desde exibiciones en las que únicamente ascenderemos en vertical manteniendo unida la barquilla al suelo mediante sujecciones con cuerdas, hasta grandes viajes en globo atravesando paisajes impresionantes.

Podemos hacer turismo desde el aire, planeando por encima de las ciudades mientras el guía nos va indicando los monumentos que divisamos en nuestro paseo, realizar rutas de varios días pernoctando en tierra, o regalar un paseo romántico en globo a nuestra pareja.

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En el bosque

Se dice y debe ser cierto, que en tiempos una ardilla podía cruzar toda la Península Ibérica de Norte a Sur saltando de rama en rama. Dejando de lado lo absurdo de ese viaje para el roedor, salvo que viviera en Santander y tuviera familia en Cádiz, a día de hoy, lo mejor que puede hacer el animalito es autoestop.

Ya casi no quedan arboledas importantes –con todas las salvedades que queramos hacer-. Y, desde luego, buena parte de la Piel de Toro se ha quedado con enormes calvas de muchos kilómetros cuadrados. El ser humano, ya se sabe: el progreso, las necesidades de las personas antes que la Naturaleza, y esas cosas…

Pero no todo está perdido. Gracias al deporte de aventura, hemos encontrado un nuevo argumento para conservar el bosque. Esta actividad es una forma de que los Ayuntamientos ingresen un dinero a través de las compras o los permisos referidos a estas actividades.

Actividades beneficiosas en todos los sentidos

Dicho de otro modo: quien viene a practicar, digamos, geocaching, come en el pueblo e incluso se hospeda allí, dejándose un dinero que, sin el bosque que rodea al casco urbano, no se habría gastado.

Si algún vecino tiene la feliz idea de montar un recinto para practicar el paintball, por poner otro caso, éste paga sus impuestos, aparte de los ingresos referidos en el párrafo anterior. Beneficios para la economía local y para el mayor atractivo del entorno.

La envidia de Tarzán

Y, por supuesto, no íbamos a dejar pasar la ocasión de hablar de una propuesta muy divertida: se trata de una fenomenal excusa para pasar un día en el bosque y practicar un deporte que no está aún demasiado extendido en España –aunque todo se andará-.

Se llama arborismo y consiste en realizar diferentes ejercicios y pruebas suspendidos entre los árboles. Antes de empezar, por norma general, los monitores de cada empresa imparten unos cursos básicos de qué hacer y qué no en la práctica de este deporte. Hecho esto, cada uno explora las posibilidades del circuito y las suyas propias.

La seguridad, ante todo

Es importante recalcar que el arborismo ha de practicarse en condiciones de altísima seguridad, algo de lo que también suele encargarse la empresa. Y es que descolgarse con una tirolina puede ser muy divertido sin necesidad arriesgarse a una caída de diez metros; o trepar por una red es un muy sano esfuerzo, sobre todo si la caída no supone irse al hospital, o algo peor…

Son más ejercicios de los que podemos imaginarnos. Es más diversión de la que somos capaces de expresar. Es uno más de los muchos argumentos para dejar que los bosques crezcan y nos ofrezcan cuanto podemos necesitar o desear.