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Descenso de ríos: para relajarse o para soltar adrenalina

El descenso de ríos consiste, básicamente, en lo que su nombre indica: bajar por un cauce, de mayor  menor corriente, sobre una embarcación o balsa. Se trata de un deporte con diferentes grados de peligro y exigencia para el que, en todo caso, hemos de ir convenientemente equipados –en mejor momento, desgranaremos esta equipación-.

Es una actividad que siempre que se practique en equipo está garantizada la diversión  el refuerzo de los lazos entre unos y otros miembros. Y es un desafío continuo a la habilidad, coordinación y, en ocasiones, valor del equipo y de cada uno de sus miembros.

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Dicho esto, vamos a introducirnos un poco más en el práctica del descenso, un deporte el podemos hablar, y lo haremos, a lo largo de varios artículos. De hecho, por ahora sólo vamos a mencionar las clases de aguas que existen, de acuerdo con la clasificación más ampliamente aceptada, según su dificultad.

Un paseo para principiantes

Comenzaremos por el descenso más fácil, el llamado de aguas planas, en las que la lámina líquida no presenta casi olas, remolinos ni huecos. Es más un paseo dejándonos llevar que un deporte de aventura. Si aumentamos un grado la dificultad, nos encontramos con a clase I: son también aguas casi planas, de muy pocas turbulencias y oleaje.

La clase II sigue siendo fácil, aunque la corriente ya es más rápida y nos vamos a encontrar con huecos de has 25 centímetros en el flujo del agua, así como pequeños remolinos sin peligro para un nadador.

Aguas blancas: esto se pone interesante

Entramos ahora en la categoría de “aguas blancas” con los descensos de clase III, de dificultad intermedia, con huecos y olas de hasta un metro, además de remolinos que el nadador ha de tener en cuenta y que moverán la embarcación. Hemos de conocer la técnica y el río.

La clase IV se refiere a las aguas blancas pero predecibles, por turbulentas que sean (que lo son). Con huecos y olas de hasta dos metros, los remolinos pueden suponer un problema para la embarcación. Además, pueden existir cascadas importantes. Necesitaremos de una muy buena técnica y conocimiento del río, así como tener en cuenta que nos encontraremos con pasos estrechos que nos obligarán a maniobras muy complicadas.

Un desafío a la técnica y al valor

La clase V es sólo para expertos, con olas de más de dos metros y aguas difíciles de predecir, además de remolinos y cascadas peligrosas. Será mejor que conozcamos muy bien el río y seamos verdaderos maestros de la técnica.

Finalmente, la clase VI es aquella que abarca a los descensos de dificultad extrema o imposibles de navegar.

Vistas las clases de descenso, y como nos han entrado unas ganas terribles de navegar, queda anunciado para fechas próximas otro artículo, éste sobre el equipo necesario y los mejores ríos de cada un de las categorías donde emplearlo.